Meditación cristiana en comunidad
2do y 4to miércoles
después de la Misa de la tarde
(de marzo a diciembre)
“La esencia de la meditación es aprender a
retroceder y permitir que Dios alcance el primer plano de nuestra vida. Dar ese
paso descentrándonos de nosotros mismos para centrarnos en Dios. Entonces
descubriremos nuestro lugar en el mundo. El orden correcto de nuestras
relaciones: nuestra relación con los demás, nuestra relación con la creación y
nuestra relación con Dios”
(John Main)
La meditación cristiana siempre ha
sido vista como un trabajo de amor. El amor de Dios por nosotros evocando
nuestro amor por Dios.
Puede ser practicada por
cualquier persona, en cualquier momento en el que se encuentre en su
viaje vital.
Para los cristianos el foco
de la meditación es Cristo. Esto significa que la meditación se centra en la
oración de Cristo, invocada de forma continua en el Espíritu Santo, en la
profundidad de cada ser humano. Más profundo que todas las ideas sobre Dios es
Dios mismo y más profundo que la imaginación es la realidad de Dios.
El objetivo de nuestra meditación cristiana
es permitir que aquella presencia misteriosa y silenciosa de Dios que ya está
en nuestro interior se convierta en la realidad que da significado, forma, y
sentido a todo lo que somos y hacemos.
Meditar es un peregrinaje
directo a nuestro corazón. Adentrarnos en la simplicidad de la meditación
significa aprender una disciplina.
La invitación de la oración
cristiana es la de perdernos a nosotros mismos y unirnos con Dios. De esta
manera dejamos atrás nuestro yo egoísta, para morir y resucitar a nuestro yo
verdadero en Cristo.
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